Cuando pensamos en una página web es fácil centrarse primero en el diseño: colores, imágenes, tipografías, distribución... Pero una web puede estar muy bien diseñada y no terminar de funcionar si sus textos no explican con claridad qué hacemos, para quién o qué nos diferencia.
Escribir para una web tampoco consiste en trasladar un folleto o una presentación corporativa a la pantalla. Hay que seleccionar la información, establecer prioridades y pensar en cómo la va a encontrar y leer quien llegue a cada página.
Antes de escribir, decide qué necesita saber el usuario
Uno de los errores más habituales es empezar a redactar sin haber definido antes la estructura. El resultado suele ser mucho texto, repeticiones y páginas en las que cuesta encontrar la información importante.
Antes de escribir conviene pensar qué pregunta debe responder cada página. La home presenta y orienta; una página de servicio explica una solución concreta; la página de contacto facilita dar el siguiente paso.
Cuando cada página tiene una función clara, resulta mucho más fácil decidir qué incluir y qué dejar fuera.
💡 Define un objetivo por página
Antes de escribir, completa esta frase: “Cuando alguien termine de ver esta página quiero que tenga claro…”
Si aparecen cuatro o cinco respuestas diferentes, probablemente estés intentando contar demasiadas cosas a la vez.
Escribir para una web no es escribir para un folleto
En internet no solemos leer palabra por palabra. Primero miramos titulares, imágenes, destacados o botones y después decidimos dónde detenernos.
Por eso son importantes los párrafos relativamente breves y, sobre todo, una buena jerarquía de títulos H1, H2 y H3. No están únicamente para cambiar el tamaño de las letras: estructuran el contenido, facilitan la lectura y ayudan a los buscadores a comprender la página.
Un copywriter de páginas web trabaja precisamente con esta forma de comunicar: no se trata solo de redactar correctamente, sino de ordenar la información para que se entienda con facilidad.
💡 Lee solo los titulares
Haz una prueba: recorre una página leyendo únicamente su H1, H2 y H3.
¿Entiendes de qué trata y puedes seguir el hilo? Si no es así, revisa primero los titulares. Muchas veces el problema no está en los textos, sino en cómo los hemos organizado.
Empieza por lo importante
Las presentaciones corporativas tienden a comenzar hablando de la propia empresa: cuándo nació, cuál es su filosofía, cuántos años lleva trabajando...
Puede ser información interesante, pero quizá no sea lo primero que quiere saber alguien que acaba de llegar.
En una web suele funcionar mejor comenzar por la información que ayuda al usuario a saber si está en el lugar adecuado y desarrollar después los detalles.
💡 Haz la prueba de los 10 segundos
Mira la parte de la web que aparece antes de empezar a desplazarte hacia abajo. En unos segundos debería ser posible entender qué ofrece la empresa y a quién se dirige.
Si para descubrirlo hay que seguir navegando, quizá la información principal esté demasiado escondida.
Escribe para personas, pero facilita el trabajo a Google
Trabajar el SEO no significa repetir continuamente una palabra clave. De hecho, hacerlo puede conseguir justo lo contrario de lo que buscamos: un texto artificial y poco agradable de leer.
Una persona puede buscar copywriter de páginas web en Navarra, otra textos para páginas web y otra cómo redactar el contenido de mi web. Las expresiones son diferentes, pero la necesidad puede ser prácticamente la misma.
Lo importante es tratar el tema con suficiente claridad y utilizar de forma natural palabras y conceptos relacionados con aquello de lo que estamos hablando.
Google necesita comprender el contenido. La persona que llega a la web necesita algo más: comprenderlo y encontrarlo útil.
Aprovecha lo que ya tienes
No siempre hay que empezar con una página en blanco.
Presentaciones, presupuestos, dosieres, fichas de servicios o incluso los correos que enviamos habitualmente a nuestros clientes pueden contener información muy útil.
El trabajo está en seleccionarla, actualizarla y adaptarla al lenguaje de una web. Muchas veces escribir mejor consiste en ordenar y simplificar lo que ya tenemos, no en inventar nuevos textos.
💡 Busca las preguntas que siempre te hacen
Piensa en las dudas que repites una y otra vez a clientes por teléfono o correo.
Si son importantes antes de contratar o comprar, probablemente también deberían tener respuesta en tu web.
Diseño y contenido deberían avanzar juntos
Diseñar primero una página llena de textos provisionales para sustituirlos después suele dar problemas. Y redactar varias páginas en Word sin saber cómo se organizarán visualmente tampoco es la mejor opción.
Un titular muy largo cambia una composición. Un servicio complejo puede necesitar más espacio. Una información especialmente importante puede merecer un bloque propio en lugar de quedar perdida dentro de un párrafo.
El contenido condiciona el diseño y el diseño ayuda a ordenar el contenido. Lo lógico es trabajar ambos de forma conjunta desde el principio.
Menos texto no siempre es mejor
Simplificar no significa dejar una web prácticamente vacía. Una página necesita suficiente información para resolver las dudas de quien llega hasta ella.
La clave está en eliminar lo que no aporta, evitar repeticiones y destacar lo verdaderamente importante.
💡 Antes de publicar, recorta
Haz una última lectura buscando únicamente tres cosas: ideas repetidas, frases que pueden decirse de forma más sencilla y párrafos que no aportan información nueva.
No hace falta que todos los textos sean cortos. Hace falta que cada frase tenga una razón para estar ahí.
