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Cómo elegir tipografías sin ser diseñador: menos es más

Elegir una tipografía parece sencillo hasta que empiezas a probar. Una para el título, otra que queda bonita para los subtítulos, una más seria para el texto… y de repente tienes cuatro tipos de letra compitiendo entre sí.

Con la tipografía suele funcionar una regla muy sencilla: menos es más.

No necesitas muchas fuentes para conseguir un resultado profesional. Necesitas pocas, bien elegidas y utilizadas con coherencia.

1. Una o dos tipografías suelen ser suficientes

Para una web, un documento, una presentación o un cartel, una buena familia tipográfica puede ser suficiente.

Puedes crear diferencias utilizando sus variantes:

Regular para el texto.
Semibold o negrita para destacar.
Un tamaño mayor para títulos.

Si quieres combinar dos tipografías, utiliza una para los títulos y otra para los textos.

¿Tres, cuatro o cinco? Salvo que tengas un motivo de diseño muy concreto, probablemente sean demasiadas.

2. Primero, que se pueda leer

Una tipografía puede ser preciosa y resultar incómoda para leer más de dos líneas.

Para textos largos busca letras claras, con buen espacio entre caracteres y que funcionen bien también a tamaños pequeños.

En una web, además, piensa en el móvil. Ese párrafo que se lee perfectamente en tu monitor puede resultar mucho más incómodo en una pantalla de 6 pulgadas.

En papel, imprime una prueba al tamaño real. Ver el documento al 150 % en el monitor no te dice cómo se leerá cuando salga de la impresora.

3. No necesitas una fuente diferente para destacar cada cosa

La jerarquía visual también se consigue con:

  • tamaño;
  • peso (normal, semibold, negrita);
  • color;
  • espacio;
  • mayúsculas utilizadas con moderación.

Un título no necesita una tipografía extravagante para que sepamos que es un título.

Si todo intenta llamar la atención, nada destaca.

4. Combinar tipografías: busca contraste, no competición

Si utilizas dos fuentes, deberían distinguirse lo suficiente como para que la combinación parezca intencionada.

Una solución sencilla es combinar una tipografía con más personalidad para los títulos con otra muy legible para los textos.

Algunas combinaciones fáciles de utilizar:

Playfair Display + Source Sans 3

Más editorial y elegante.

Montserrat + Merriweather

Actual, pero con contraste entre títulos y lectura.

Poppins + Source Sans 3

Limpia, moderna y sencilla.

Y tampoco es obligatorio combinar. Utilizar, por ejemplo, Montserrat en distintos pesos y tamaños puede resolver perfectamente todo un diseño.

5. Cuidado con las mayúsculas

ESTE TEXTO LLAMA MUCHO LA ATENCIÓN, pero también resulta más pesado de leer.

Las mayúsculas funcionan bien para palabras, etiquetas o títulos cortos. Para frases largas y párrafos, mejor utilizar mayúsculas y minúsculas normalmente.

Lo mismo ocurre con la negrita: destaca cuando aparece de vez en cuando. Si medio texto está en negrita, deja de cumplir su función.

6. Y, por favor, no Comic Sans

Comic Sans nació para un contexto muy concreto: imitar una escritura informal asociada al cómic. El problema no es que la tipografía esté «prohibida», sino que se utiliza continuamente fuera de ese contexto.

Una carta de una empresa, un cartel informativo, una presentación profesional o la web de un negocio difícilmente necesitan parecer un bocadillo de cómic.

Si buscas una tipografía cercana o informal, hay muchas alternativas que mantienen esa sensación sin transmitir un aspecto improvisado.

La tipografía también comunica antes de que alguien haya leído una sola palabra.

7. En web, no elijas solo por estética

Además de ser bonita y legible, una fuente para web debe funcionar correctamente en diferentes dispositivos y no convertirse en una carga innecesaria.

Servicios como Google Fonts ofrecen familias preparadas para utilizarse en pantalla y con diferentes pesos.

Pero tampoco necesitas cargar siete variantes si únicamente utilizas Regular y Bold. Cada recurso adicional puede afectar al rendimiento de la página.

Y recuerda otra cosa importante: el tamaño importa tanto como la tipografía. Una fuente muy legible puede dejar de serlo simplemente porque el texto es demasiado pequeño.

8. En documentos e impresión, piensa en quién lo va a abrir

Si preparas un Word o PowerPoint que otra persona tendrá que editar, utilizar una tipografía poco habitual puede darte problemas si no está instalada en su ordenador.

Para documentos que deben seguir siendo editables, utiliza fuentes disponibles para los destinatarios o comprueba cómo se gestionarán.

Si el documento ya está terminado y solo necesita visualizarse o imprimirse, envíalo en PDF para conservar mucho mejor su aspecto.

Antes de elegir una tipografía, recuerda

  • Utiliza una o dos familias, no cinco.
  • Prioriza siempre la legibilidad.
  • Crea jerarquía con tamaños y pesos antes de añadir otra fuente.
  • Comprueba cómo se ve en móvil si es para web.
  • Haz una prueba impresa si va a papel.
  • Si otras personas van a editar el archivo, asegúrate de que disponen de la fuente.
  • Y utiliza Comic Sans solo cuando realmente quieras que algo parezca un cómic.

Una buena elección tipográfica muchas veces pasa desapercibida. Y precisamente esa es una buena señal: el diseño acompaña al contenido en lugar de competir con él.

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Presentación APYMA